Requiem Romae

Bellum Civile

Enero 49 a.C., año 460 de la República de Roma

Extensión de la República de Roma en estos momentos:
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Marco Octavio inició su carrera política como legado en la decimotercera daurante la guerra de las Galias, allí conoció a Tiberio Aquila, centurión pilus prior, con quién ganó mucha confianza. En el año 50 a.C. es nombrado questor y vuelve a Roma dónde empieza su carrera como senador. En la Saturnalia va a la ciudad de Capua, pues su tío Caio Julio César le regala la esclava Alyx ‘La hija de Mefisto’, que consiguió una inmensa fama cuando derrotó fácilmente al campeón de Capua.

La situación política está cada vez más enrarecido sobretodo cuando la muerte de Craso había roto el triunvirato y la antigua amistad de Pompeyo y César se había vuelto una ferviente enemistad.

Marco estaba en la villa de la família Octavia en Capua cuando llegó Gallus Lucanos, propietario de uno de los mayores ludus de Capua y de la gladiadora Alyx. Marco Octavio fue advertido por Gallus de la sed de sangre de Alyx lo cual lo preocupó. Una vez solo quiso que la gladiadora le demostrara sus habilidades como guerrero, así que ella derrotó a su nuevo amo sin ningún tipo de dificultad.

Mientras entrenaban llegó a la villa el centurión Tiberio Aquila. César lo había mandado junto con Marco Antonio para que verificara el estado de la ciudad y la seguridad de los Julios y los Octavios. Se saludaron como viejos colegas que eran y Marco le presentó a Alyx, que demostró ser de pocas palabras pero de poca costumbre a tratar con nobles.

Marco contó la situación política y avisó a Tiberio de la posibilidad de ser atacados. Tiberio que había luchado junto a Pompeyo antes de que con César no se creía que llegara a tal acto de deshonor.

De camino a Roma fueron parados por Sexto Pompeyo, amigo de la infancia de Marco Octavio. Estaba acompañado de un grupo de hombres de dudosa reputación. Sexto pidió hablar a solas con su amigo, le suplicó que no fuera a Roma de una forma muy extraña. Sus secuaces se estaban poniendo un poco impertinentes con Alyx, aún y así ella estaba preocupada por su señor pues había sacado la espada y había golpeado a Sexto. Viendo que la situación estaba fuera de control Marco dio la orden de matarlos, refiriéndose a los secuacees, pero Alyx como ya iba con la intención cortó la cabeza a Sexto Pompeyo mientras Tiberio cargaba, hiriendo a uno de los hombres de Pompeyo y matando a otro.

Marco se quedó muy afectado por la muerte de su amigo y ordenó dejar con vida alguno de los asaltadores, pues vio que no eran rival para el centurión y la gladiadora. Pero el interrogarlos no pudo sacar más información, no sabían nada. Dio la orden de matarlos pero Tiberio le hizo reflexionar, estos eran testigos que habían matado a Sexto en defensa propia. Así que con el cadáver de su amigo y los asaltadores supervivientes se dirigieron a Roma.

En la entrada dejaron los hombres con la guardia de la ciudad y se llevó el cadáver de su amigo para poder hacerlo presentable ante su familia. En casa tanto su madre, Atia, como Marco Antonio, ahora tribuno de la plebe, le recriminaron el no haber escondido el cadáver. Que un sobrino de Julio César hubiera matado a un Pompeyo no hacía más que empeorar la situación. Una vez mandado el cadáver se recibió notificación de que la mañana siguiente sería el juicio.

Durante la noche un esclavo intentó ‘molestar’ a Alyx, por suerte se contuvo y solo el rompió la nariz. A la mañana siguiente Marco Octavio se dirigió allí acompañado de Alyx y de Marco Antonio, Tiberio Aquila por su parte quería ir separado para dar imagen de neutralidad.

Al llegar al juicio el mismo Pompeyo el Grande cayó de rodillas ante Marco y entre lágrimas preguntándole el porqué del asesinato. Aprovechó para ponerse melancólico y hacer parecer que todo era planeado por Julio César. Por su parte Marco Aquila hizo un discurso muy emotivo, exculpando a Sexto y culpando de todo a Pompeyo. Como se preveía un testimonio había muerto durante la noche y el otro cambió su declaración en contra de Marco. Parecía que el sobrino de César lo tendría muy difícil.

Al ser un asunto de máxima importancia se estimó que el veredicto se daría al día siguiente, posiblemente ante el hecho que esta tarde habría una sesión en la cual los optimates (los nobles) aliados con Pompeyo querrían arrinconar a César. Marco Antonio dio la orden a Tiberio Aquila que reuniera a sus hombres en la plaza delante del Senado para salvaguardar su seguridad, Alyx también estaría esperando por si tenía que rescatar a su señor.

Tal y como decían los rumores Metelo Escipión hizo un duro discurso contra César y reclamó que abandonara sus legiones o fuera declarado enemigo de Roma. Solo tres senadores se opusieron: Gayo Escribonio Curión, Marco Celio Rufo y Marco Otavio. La ley no salió adelante ya que Marco Antonio vetó la moción como Tribuno de la Plebe. El Senado se volvió un caos de insultos y empujones, a lo que los cuatro fieles de césar salieron corriendo.

La situación a fuera no era mejor, si no peor. Bandas callejeras fieles a Pompeyo habían empezado a increpar a los hombres del centurión Tiberio Aquila. En el momento que habían empezado a sacar los garrotes y cuchillos éste les había intimidado para que no se acercaran, lo que cumplieron… empezando a tirar piedras contra los legionarios. Viendo que la situación era insostenible, Tiberio ordenó una carga. Mientras Alyx había subido las escaleras del Senado, algo prohibido tanto legalmente como religiosamente, y estaba intimidando a los guardias de la entrada, preocupados tanto por la famosa gladiadora como por la batalla campal que estaba ocurriendo frente ellos.

Así que al salir del Senado los soldados rodearon a los tres senadores y al tribuno y se dispersaron por la ciudad, pues las bandas callejeras eran muy peligrosas y se conocían el terreno, allí Alyx tuvo la ocasión de cortar unos cuantos brazos y cabezas de los hombres que les hostigaban. Huyeron disfrazados de esclavos hacia Ravenna, dónde César esperaba con sus tropas.

Allí explicaron todo lo acontecido dejando a Julio César en una difícil situación: si abandonaba el mando de sus tropas podría ser juzgado y los nobles se asegurarían que fuera declarado culpable de crímenes tanto reales como imaginarios, por otro lado si marchaba hacia Roma estaría cometiendo un acto claramente ilegal y contrario la República. Durante la cena quiso oír todas las opiniones hasta de Alyx, la cual opinaba que sería de afeminados no cargar contra sus enemigos. Hasta el fiel a los valores romanos Tiberio Aquila estaba a favor de marchar hacia Roma, opinaba que la República ahora mismo estaba podrida y no tenía legitimidad.

A la mañana siguiente se reunieron todos los hombres de la XIII legión y allí César explicó la situación, después de estar ocho años batallando el Senado no reconocía sus méritos y quería juzgarlo. Puso por ejemplo al centurión Tiberio Aquila que lo seguiría y preguntó a sus tropas si lo harían, consiguiendo una inmensa aclamación.

Así pues levantaron el campamento y se pararon justo ante el rio Rubicón, el límite de las Galias con Roma. Se lo pensó y mientras pronunciaba ‘Alea iacta est’ prosiguió su camino…

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