Requiem Romae

Quod Nocturna Animalia

Febrero 49 a.C., año 460 de la República de Roma

Gorgona

Después de la extraña revelación de Julio César fueron todos a dormir pero primero Alyx fue a avisar a su señor ya que la herida que le había infligido Tiberio Aquila estaba totalmente sanada, fueron a ver al médico y no pudo dar ninguna respuesta más allá de la extraña fisiología germánica. A la mañana siguiente los guardias informaron a Tiberio Aquila que durante la noche se habían visto merodeando a un hombre alrededor de la villa, pero no había podido ser capturado.

Durante el día se prepararon para el viaje, se harían pasar por mercaderes de vino del gobernador Tiberius Titinuis, ahora fallecido. Durante el viaje la relación entre Tiberio Aquila y Alyx fue tensándose pues el primero la despreciaba por esclava germana y ella lo veía como débil y creído. También pudieron ver cómo la sociedad romana estaba polarizada por la disputa entre César y Pompeyo y que los rumores corrían a sus anchas, llegando a algún caso al enfrentamiento físico con partidarios de Pompeyo por la poca diplomacia de Alyx.

Finalmente llegaron a Volaterrae y buscaron dónde poder dejar su mercancia para así poder empezar con la investigación que se les había encomendado. Finalmente contactaron con un noble local, Titus Flavius Drusus, con quién Marco Octavio hizo una pésima negociación. Al ir a al taberna dónde se alojaron Tiberio recordó a Marco Octavio del craso error que había cometido en la negociación, les obligaba a realmente vender el vino para pagar la deuda, y el poco apoyo de Alyx llevó al joven senador de Roma a emborracharse con el vino local.

Entre Alyx y Tiberio lo subieron a la habitación y el centurión anunció que se iba a vigilar el perímetro de la zona y ordenó a la gladiadora que se quedara en la habitación con su señor. Alyx, poco acostumbrada a recibir órdenes pasó totalmente de lo que le dijo y se dedicó a seguirle y a molestarle.

Durante su ronda de inspección oyeron ruido de combate en un pequeño pasaje entre dos edificios y corrieron hacia allí. Al llegar únicamente encontraron un charco de sangre y vieron una persona huyendo por el otro lado. Tiberio se puso a correr en esa dirección y al llegar al otro lado no encontró a nadie hasta que miró arriba y lo vio en el tejado de una de las casas. En cuestión de segundos había sido capaz de escalar cuatro pisos de casas?

Alyx no lo vio y suponiendo que la situación se complicaría volvió junto a su amo el cual estaba durmiendo la mona. Mientras Tiberio se quedó a rezar a Plutón en el lugar de la pelea, también investigó y encontró una espada que debería pertenecer a uno de los contendientes de la pelea así como un extraño y enorme zarpazo en la pared. Llegó la guardia de la ciudad y al encontrarse un hombre armado en esa situación lo llevaron a la casa de la guardia para interrogarle. Acostumbrado a tratar con soldados pudo conseguir que lo dejaran libre en pocas horas.

A la mañana siguiente Marco Octavio se despertó con una terrible resaca y ordenó a Alyx que le trajera agua. Ella que no le gustaba ser tratada como una sirvienta fue a buscar un cubo de agua y se lo tiró por encima de su señor. Después de una breve discusión hizo lo que le pedía Marco Octavio pero se fue indignada a desayunar. Tiberio Aquila fue entonces a verlo y le relató la historia de lo que había acontecido durante la noche, pero entre la cabezonería del centurión y la resaca del cónsul también se pelearon. Al final Tiberio bajó a desayunar junto con Alyx y encontraron un punto en común: criticar a Marco Octavio.

Después de haber desayunado todos fueron a ver al principal sacerdote local, un hombre llamado Vopiscus Pompilius. Ante él Marco Octavio desveló su identidad y le contó que estaba interesado en los ancestros y la manera que tenían los etruscos de tratar con ellos. Éste les explicó que bajo la tiranía de Sulla la ciudad había sufrido mucho y que se habían perdido muchos documentos. Miraría entre los que disponía y al día siguiente les daría una respuesta. El grupo también pidió por las catacumbas locales ya que estaban interesados en ellas, Pompilius aceptó llevarles a regañadientes.

Una vez en las catacumbas se adentraron hacia la oscuridad llevando una débil antorcha cada uno. Alyx iba delante dejando una marca por la pared para saber por dónde habían ido ya, Tiberio buscaba cualquier señal de paso reciente por allí y finalmente Marco Octavio observaba con detenimiento los diferentes relieves y sarcófagos que se iban encontrando. Al final de todo sin posibilidad de ir más adelante encontraron un antiguo, muy antiguo, altar que identificaron que pertenecía al antiguo dios etrusco Eita, dios del Inframundo y una versión antigua de Plutón. Fue allí que Tiberio percibió algo a su alrededor, una sensación que asociaba a los dioses avisándole de algún peligro. Sin poder ver ninguna amenaza a su alrededor Marco Octavio hizo ofrenda de su sangre a los ancestros y al ver que no ocurría nada salieron de la cueva habiendo una acalorada discusión religiosa entre la flexible visión de Marco Octavio y el tradicionalismo de Tiberio Aquila.

Fueron de vuelta a ver al sacerdote y allí se lo encontraron junto con el gobernador de la ciudad, Cnaeus Salvius Jovius, el cual había sido informado de la identidad de los visitantes. Recibió amablemente a Marco Octavio pero lo apresuró a dejar la ciudad y a dirigirse hasta Roma para atender temas importantes, el senador prometió que el día siguiente partirían hacia Roma.

Marco Octavio fue con Alyx a comprar un buey en el mercado, el mismo sitio donde Tiberio compraba una cabra. Los primeros se dirigieron a las catacumbas y e segundo a hablar con el sacerdote pues quería consejo sobre el hacer un sacrificio a Plutón. Marco Octavio y Alyx hicieron un ritual similar al que había hecho Julio César unos días antes para ellos terminando ambos llenos de la sangre del buey. Fue entonces cuando llegó el centurión con su cabra, pues tenía ciertas sospechas sobre el sacerdote y no había querido seguir sus consejos. Al oír gente dentro las cavernas apagó la antorcha y se acercó a ver quién era, llevándose un disgusto al ver los restos del ritual al extranjero dios Mithras. Cuando empezaban a discutir una inmensa piedra de la pared empezó a apartarse y de dentro salieron dos criaturas que parecían momias. Pidieron la cabra de Tiberio y sin responder a ninguna pregunta los citaron la noche siguiente al sur de la ciudad, en un círculo de piedras con una ofrenda de un cadáver fresco de un guerrero. Una vez dicho esto dejaron a la cabra muerta, sin signos de violencia, y se retiraron volviendo a poner la piedra en su sitio con sus mismas manos.

El día siguiente fue intenso, el sacerdote Pompilius les indicó que se quedaran unos días más que conseguirían información, el noble Titus Flavius les acompañó a comprar un esclavo guerrero y les dijo que alguien importante quería hablar con ellos y finalmente el gobernador Cnaeus Salvius les advirtió que el sacerdote no era de fiar pues adoraba secretamente a otros dioses. Al llegar la noche se dirigieron al punto de encuentro, el círculo de piedras al sur de la ciudad. No eran los únicos convocados ya que llegó mucha gente ocultada tras capuchas. Un sacerdote oculto tras una máscara empezó a oficiar un ritual en un idioma extraño, etrusco podían suponer. En un momento dado de detrás del sacerdote aparecieron tres figuras: las dos momias que ya conocían y a una mujer de mediana edad vestida con un estilo extraño.

Alyx degolló al guerrero galo y las tres figuras se acercaron. Ella se presentó como Larthia de las Gorgonas, mientras que las dos momias eran Venthi y Hathli de los Etrusci. Larthia puso como condición de hablar el poder ofrecer un regalo a Alyx y el proponerle el hecho que si se mostraba digna tendría la posibilidad de entrar en las filas de las gorgonas. Para mostrar su poder en un instante se convirtió en una serpiente humanoide de casi tres metros, lo cual provocó que Tiberio sacara la espada, pues las gorgonas son hijas de Medusa, descendiente de los Titanes los cuales se opusieron a los dioses Olímpicos, por suerte Marco Octavio le frenó para que no cometiera una estupidez. Por su parte Venthi explicó que los ancestros Julios tenían apresado y maldito a su líder, un fiel seguidor de Eita el cual ahora se conoce como Plutón y en caso de enfrentarse a los ancestros sería deber de Tiberio de liberarlo.

Marco Octavio dudó pero vio que si no aceptaba se quedaría sin ninguna información y a riesgo de perder a Alyx aceptó. Y así pudo empezar a hacer preguntas, aunque las respuestas siempre eran cripticas. Descubrió que el único motivo por el cual los ancestros Julios eran crueles con sus descendientes era porque eran poderosos y disfrutaban haciéndolo. Descubrió que las Gorgonas y los Etruscii se oponían a los ancestros Romanos a los que habían conquistado y no sabían porque éstos no se acercaban al César ni a su sobrino ni tenían conocimiento de el dios llamado Mithras. Cuando parecía que querían hacer algo a Marco Octavio de entre el bosque se oyó un aullido y entró al claro un hombre corriendo muy rápido. Era un galo de mas de dos metros con una larga melena que Tiberio reconoció rápidamente como al que vio en el callejón.

Los Etruscii y la Gorgona mostraron una gran hostilidad contra él. Éste se puso al lado de Marco Octavio y anunció que Eanthes lo reclamaba y él sería su guardaespaldas, aumentando la furia del trío etrusco. Finalmente Larthia se volvió a convertir en la extraña criatura y vertió su sangre en un cuenco hecho de cráneo y dándoselo a beber a Alyx. Recordándoles que ellos se oponían a los ancestros Julios desaparecieron de la misma manera que habían aparecido. El extraño galo se presentó como Gabhan e indicó que dentro de Roma él no podría entrar. Cuando Marco Octavio quiso interrogarle le dijo que él no estaba allí por eso y salió corriendo a una velocidad que los dejó asombrados.

Mientras volvían y Marco Octavio volvía a discutir temas religiosos con Tiberio Aquila, Alyx descubrió que su destreza había aumentado hasta niveles más allá de un simple mortal…

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